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viernes, 27 de diciembre de 2013

La ética del comercio y su efecto sobre la economía de las naciones

Índice
1.      El concepto de ética
2.      Adam Smith y su visión de los comerciantes y el comercio
3.      Interés, precio justo e  inflación
4.      La causa principal de la inflación es el egoísmo humano
5.      No puede haber ética en el comercio sin una concepción ética de la vida
6.      ¿Qué pasa cuando el Estado se convierte en comerciante?
7.      Conclusión

1.      El concepto de ética
La palabra ética proviene del Latín ethicum. El diccionario define la palabra ética como 1. Parte teórica de la valoración moral de los actos humanos. Sinónimo: moral. 2. Filosofía: Conjunto de principios y normas morales que regulan las actividades humanas.

2.      Adam Smith y su visión de los comerciantes y el comercio
Adam Smith (1723-1790) fundador del Liberalismo Económico, era un filósofo de una arraigada postura ética, creyente en las virtudes derivadas de un orden providencial. Contrariamente a lo que muchas personas puedan creer, Adam Smith no era un defensor a ultranza del capitalismo sin límites. Una de las frases más famosas de su libro La Riqueza de las Naciones, ilustra claramente lo afirmado anteriormente; ese concepto es el siguiente: “Los comerciantes del mismo rubro rara vez se reúnen, incluso para entretenimiento y diversión, sin que la conversación termine en una conspiración contra el público, o en alguna estratagema para aumentar los precios.”
Smith tenía recelo hacia los comerciantes porque pensaba que éstos procuraban eliminar la competencia, crear monopolios y vender al más alto precio posible, hechos que consideraba contrarios a su visión ética de la vida y a su concepción liberal de la economía.
En diversas partes de su obra cumbre, La Riqueza de las Naciones, Smith reflexiona sobre los comerciantes y el comercio. Por ejemplo, en el capítulo IV del libro primero “Sobre el Origen y Uso de la Moneda”, Smith afirma que todos los hombres tienen algo de mercader. En el capítulo IX referido a “Los Beneficios del Capital”, asegura que “los comerciantes y fabricantes se quejan generalmente de los malos efectos de los salarios altos, porque suben el precio y perjudican la venta de sus mercancías, tanto en el interior como en el extranjero. Pero nada dicen sobre las malas consecuencias de los beneficios altos. Guardan silencio profundo por lo que respecta a los efectos perniciosos de sus propios beneficios y sólo se quejan de los ajenos.”
En el capítulo IV del libro tercero referido a “Cómo el Comercio de las Ciudades Contribuyó al Progreso de los Distritos Rurales”, afirma lo siguiente: “se dice vulgarmente de un comerciante y, con visos de verdad, que no es necesariamente ciudadano de un país determinado. Por su profesión, le es casi indiferente cualquier lugar de residencia y basta un leve disgusto para que traslade su capital de un país a otro y, con él, toda la industria que dependía de sus inversiones. Su capital no puede decirse con propiedad que pertenezca a un país más que a otro, hasta que se haya derramado por la superficie del país, arraigando en edificios o en mejoras de carácter permanente.”
En el capítulo II del libro IV, “Sobre los Sistemas de Economía Política” asegura que “Podemos decir en su honor que los dueños de la tierra y los colonos son las personas menos imbuidas del maldito espíritu de monopolio.” Y agrega después que “Los colonos y los propietarios, dispersos en varias partes del país, no pueden confabularse tan fácilmente como los comerciantes y fabricantes, pues estos, juntos en las ciudades y acostumbrados a aquél espíritu gremial del monopolio exclusivo que entre ellos prevalece, procuran conseguir contra todos sus compatriotas los mismos privilegios exclusivos que obtuvieron contra los demás habitantes del pueblo en que residen. Fueron ellos, según creencia general, los primeros inventores de aquellas restricciones sobre la introducción de mercaderías extranjeras que les aseguraron el monopolio del mercado interno.”
Estos  conceptos del fundador del Liberalismo Económico ponen en evidencia su clara comprensión del papel que jugaban los comerciantes en la sociedad y demuestran la manipulación que se ha hecho de sus ideas a través del tiempo para justificar la no intervención del Estado en la economía. En verdad, Adam Smith nunca dijo explícitamente que estaba de acuerdo con el control de precios, pero de sus razonamientos se deduce que estaba consciente que los comerciantes y el comercio llevan cada uno en sí mismo el germen de la especulación.

3.      Interés, precio justo e inflación
La crítica al interés y la usura aparece por primera vez en la historia del mundo occidental en el Antiguo Testamento. Luego, en la civilización griega, se dan los primeros pasos para la creación de la economía; fue un presocrático, Xenofonte (430-355 A.C), en su obra Oeconomica, el creador del concepto y se refería, esencialmente, a la administración de la casa. Después,  Platón (427-347 A.C),  en su libro La República, condena la usura mientras que Aristóteles (384-322 A.C) en su Ética, censura también el cobro de interés y la usura, crea las bases de la teoría del valor y la división del trabajo. La Antigua Roma sufrió las consecuencias de la inflación y ello provocó grandes conflictos, al extremo de que el emperador Diocleciano se vio obligado a decretar el control de precios y establecer la pena de muerte para quienes lo violaran. Después, en la Edad Media, el tema adquiere gran relevancia con las reflexiones de Santo Tomás de Aquino (1225-1274) en su Summa Teológica, en la que proscribe la usura y aboga por el precio justo.
Nicolás Oresme (1340-1382), escribe el primer tratado de economía monetaria, en el que critica la tendencia a disminuir el contenido de oro y plata de las monedas y considera los efectos de estas medidas sobre los precios; es pues, Nicolás Oresme, el precursor del concepto que atribuía a las monedas de menor valor el desplazamiento de las monedas de mayor valor, idea desarrollada tiempo después, en el siglo XVI, por Thomas Gresham, asesor de la Reina Isabel I de Inglaterra.
Las obras de Xenofonte, Platón, Aristóteles y Diocleciano en la Edad Antigua y de Santo Tomás de Aquino y Nicolás Oresme en la Edad Media, representan el ideario económico de cada una de esas épocas.
Pero es en la Edad Moderna, a partir del descubrimiento de América (1492), que el pensamiento económico va a desarrollarse en forma intensa. La preocupación fundamental de los primeros estudiosos de la economía fue por los asuntos monetarios ya que  la llegada a Europa de inmensas cantidades de oro y plata provenientes de América provocó grandes cambios en la economía, entre ellos la inflación.
La primera doctrina económica fue el Mercantilismo (siglos XVI al XVIII). El Mercantilismo consideraba que la riqueza de las naciones estaba constituida por la cantidad de metales preciosos acumulados y que para obtener esa riqueza era necesario tener una posición privilegiada en el comercio internacional, mediante la exportación de la mayor cantidad de bienes y le importación de lo estrictamente necesario. El Mercantilismo propugnaba la intervención del Estado en la economía para garantizar los propósitos antes explicados. El filósofo francés Jean Bodin (1530-1596),  fue el primer expositor de la doctrina mercantilista en su libro, La República, en el que hace además un estudio del aumento de los precios y una defensa de la propiedad privada. Este trabajo de Jean Bodin  abre, pues, las puertas a los grandes temas del moderno pensamiento económico: el proteccionismo y el librecambio, el liberalismo y socialismo. A partir de allí es que se desarrolla toda la estructura conceptual económica moderna. En Inglaterra, el fundador del Mercantilismo es Thomas Mun (1571-1641), con su obra England’s Treasure by Foreign Trade.  En el siglo XVIII, en oposición al Mercantilismo surge la doctrina Fisiócrata, cuyo principal exponente fue el médico francés, Francoise Quesnay (1694-1774),  luego, apareció el Liberalismo Económico, cuya máxima figura es Adam Smith (1723-1790) y, casi un siglo después, Carlos Marx (1818-1883), publica sus obras, las cuales constituyen una negación de los principios del Liberalismo Económico.
En las cuatro principales doctrinas económicas, el Mercantilismo, la Fisiocracia, el Liberalismo Económico y el Marxismo, estuvo siempre presente el tema de la libertad de comercio dentro de los países y entre las naciones, unas veces en forma explícita y otras veces en forma implícita.  En el siglo XX el tema ocupó la atención de gobernantes y estudiosos de la economía, especialmente a partir de la década de los noventa, como consecuencia de la imposición del Neoliberalismo a las naciones en desarrollo, por parte de los organismos financieros internacionales.
El interés, el precio justo y la inflación han sido relacionados siempre con dos hechos prácticos: a) la libertad económica o su restricción por parte del Estado y b) con la abundancia o restricción de dinero. Los creyentes en la Teoría Cuantitativa del Dinero atribuyen la inflación a la sobre abundancia de dinero, pero en diversos momentos históricos se ha demostrado que esa premisa no es una verdad universal única, sino una verdad relativa, que depende de diversos factores como la capacidad ociosa de la economía.  Por ejemplo, una economía con capacidad ociosa puede reaccionar rápidamente a los estímulos monetarios y aumentar la oferta de bienes y servicios sin cambios notables en los niveles de precio.
David Hume (1711-1776), en su ensayo sobre el dinero, fue el primero en demostrar los efectos positivos de una expansión monetaria y lo explicó a través de su teoría de la inflación beneficiosa. Tres siglos después de Hume, otro inglés, John Maynard Keynes (1883-1946), ampliaría y fortalecería la tesis de Hume, en su libro Teoría General de la Ocupación el Interés y el Dinero, que serviría de base para superar la Gran Depresión de los años treinta del siglo XX. Al publicarse la teoría, surgieron críticos que aseguraban que la tesis no resolvería los problemas económicos a largo plazo. Para responder a esa objeción, Keynes respondió simplemente que a largo plazo todos estaremos muertos, demostrando de esa manera que lo importante es lo que ocurre aquí y ahora, porque nadie puede saber qué sucederá en el futuro.
La tesis de Keynes tuvo treinta años continuos de éxito y ese período histórico fue llamado la Era de Keynes; abarcó desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta fines de los años setenta cuando nuevamente la economía mundial volvió a entrar en crisis, como consecuencia de las manipulaciones monetarias realizadas a principios de la década por Alemania y otros países europeos, hechos que condujeron a la devaluación del dólar en 1971 y, luego, a la crisis por el aumento de los precios del petróleo desde 1973. A partir de esos hechos reaparecieron en escena los críticos del modelo keynesiano encabezados por la Escuela de Chicago, que atribuían la crisis, entre otros factores, a la intervención del Estado en la economía, a la política de bienestar que ampliaba los beneficios sociales a todos los sectores de la sociedad y a las consecuencias monetarias de esa política. Primero fue la Primer Ministro de Inglaterra, Margaret Thatcher, quien asumió los principios esbozados por la Escuela de Chicago, cuyo principal representante era el profesor Milton Friedman. Luego, el presidente de Estados Unidos, Ronald Regan, adoptó la política y de allí en adelante esos principios se convirtieron en la cartilla de los organismos financieros internacionales, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.    
Friedman intentó recuperar e imponer el pensamiento de Adam Smith respecto a la no intervención del Estado en la economía y, a la vez, la esencia de la Teoría Cuantitativa del Dinero, que atribuye a la expansión de la masa monetaria la causa de la inflación. Era, pues, el punto de vista opuesto a la idea de Keynes. Sin embargo, cabe destacar que Friedman nunca desconoció los efectos que a corto plazo se derivan de la expansión monetaria en términos de  aumento de la producción y el empleo ni le atribuyó la causa de la inflación en lo inmediato, como lo demostró la realidad entre fines de la Segunda Guerra Mundial y la década de los setenta, período de expansión del empleo, la producción y mínima inflación.  La objeción de Friedman a la teoría de Keynes era esencialmente por sus consecuencias a largo plazo pero reconocía sus efectos positivos en lo inmediato. Podemos decir, en síntesis, que la concepción de Keynes respecto a los beneficios del aumento de la inversión sobre el empleo, la producción y los precios no ha podido ser desmentida hasta ahora.

4.      La causa principal de la inflación es el egoísmo humano
Las explicaciones anteriores se justifican, porque la inflación y la especulación muchas veces pretenden ser explicadas o justificadas debido al incremento del gasto público y/o el crecimiento de la liquidez en las economías. No se puede negar que uno y otro elemento pueden tener una incidencia en la inflación cuando, en efecto, la abundancia de dinero no guarda relación con la cantidad de bienes y servicios existentes en un momento dado. Pero, en mi opinión, esa no es la causa principal de la inflación. La causa principal de la inflación es el egoísmo humano que no conoce límites a la acumulación de riquezas y cuyo objetivo es acumular y acumular.
En el libro Apreciación crítica de la política monetaria, el bolívar oro (1), publicado por Monte Ávila Editores Latinoamericana en el año 2007, explicaba que las causas de la inflación son entre otras: a) la devaluación de las monedas, b) la usura, c) la presión tributaria, d) el aumento del precio de los insumos y servicios básicos y e) el incremento de la demanda ante una oferta insuficiente, es decir, la existencia de medios de pago superiores a la cantidad de bienes y servicios existentes en una sociedad.
En los países afectados por variaciones extremas de precios están presentes uno o varios de los factores señalados anteriormente pero, en mayor grado, la propensión hacia la especulación. Es decir, la tendencia a invocar la existencia de cualquiera de los factores antes explicados para justificar la elevación de los precios en forma arbitraria. Esa,  pues, es la actitud a la que se refería claramente Adam Smith.

5.      No puede haber ética en el comercio sin una concepción ética de la vida
En el ensayo intitulado Países salvajes y países avanzados (2), decía que “Lo que distingue a un país salvaje de un país avanzado es que en los países salvajes la conducta de una parte importante de sus ciudadanos está en contraposición con los valores morales definidos en los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, mientras que en los países avanzados la mayoría de su población si respeta esos principios”.
La ética del comercio está vinculada directamente a dos mandamientos fundamentales: a) No robarás y b) No codiciarás los bienes ajenos.     
El problema es que desde el principio de los tiempos, el hombre ha violado esos principios. El mundo actual no es una excepción y sólo en muy pocos países se puede decir que existe respeto por esos principios fundamentales.
Hay países donde la situación es peor que en otros. Son naciones en las que no existen límites a las ganancias especulativas. Altas tasas de interés, usura, especulación con la comida, las medicinas, la vivienda y otros bienes y servicios esenciales, son elementos comunes en esos países. Cuando ello ocurre, las posibilidades de desarrollo desaparecen o son mínimas.

6.      ¿Qué pasa cuando el Estado se convierte en comerciante?
El otro grave problema que enfrentan las naciones es que muchos dirigentes políticos malinterpretan el significado de la política y convierten a los Estados en comercios y/o empresas privadas. En algunos casos, en pleno siglo XXI,  han llegado hasta a crear o contratar ejércitos privados, compañías de mercenarios para operar en escenarios de guerra.
Ese tipo de dirigentes cree que la política y el Estado es un negocio que debe ser rentable y pretenden que las actividades públicas como la salud, la educación, la infraestructura y otros servicios públicos proporcionen ganancias. Cuando ello ocurre, se le hace un gran daño a la sociedad en su conjunto. Eso es lo que está pasando hoy en día en Europa, en países como Portugal, España, Italia y Grecia, que han reducido la inversión pública para privatizar los servicios más esenciales.

7.      Conclusión
Sólo la acción de los Estados puede impedir la usura y la especulación, a través de leyes y acciones morales para sancionar ese tipo de conductas. La competencia en el mercado no es suficiente para mantener los precios en niveles justos, porque en el mercado existen tendencias especulativas irrefrenables, motivadas por la conducta egoísta cuyo único objetivo es tener más dinero. La comprensión de esta realidad es algo esencial.  Adam Smith, el padre del Liberalismo Económico no dijo nunca esto en forma explícita, pero de sus conceptos sobre el comercio y los comerciantes, se infiere claramente que, moralmente, Smith creía que era necesario poner freno a las conductas especulativas en la sociedad.
(1)    Pablo Rafael González. Apreciación crítica de la política monetaria, el bolívar oro. Monte Ávila Editores Latinoamericana, página 138. Caracas, 2007.

lunes, 7 de octubre de 2013

Debido a su devaluación acumulada el bolívar no se puede recuperar, por eso quedan sólo dos opciones, dolarizar o crear una nueva moneda

La moneda venezolana, el bolívar fuerte, no se puede recuperar; la razón es muy simple: porque tiene una devaluación acumulada que llega hoy en día al millón por ciento entre el año 1983 y este año 2013 y eso lo hace irrecuperable. En efecto,  para el año 1983 1 dólar representaba 4,30 bolívares pero hoy en día ese mismo dólar representa una cantidad que legalmente no se puede decir en Venezuela pero que en términos porcentuales significa un aumento del millón por ciento en el mercado que tampoco se puede nombrar en Venezuela.
En el año 2008 Venezuela hizo una reforma monetaria para quitarle tres ceros a la moneda. Ello no modificó la realidad de los precios. La medida se adoptó para dar la impresión de que se estaba controlando la inflación y, además, para simplificar las operaciones con la moneda, especialmente las cuentas nacionales, ya que las cifras de presupuestos y otras cantidades de recursos públicos cada día se hacían más difíciles de manejar debido al crecimiento de la inflación. Lo cierto es que 1 bolívar fuerte de hoy equivale en realidad a 1000 bolívares del año 2008 antes de restarle los ceros. En consecuencia, 6,30 bolívares de hoy, que es la cotización oficial del dólar significan realmente 6.300 bolívares de los viejos. El precio de una manzana hoy es de 50 bolívares, pero en la realidad eso significa que una manzana cuesta 50.000 bolívares de los viejos, hecho que pone en evidencia hasta dónde ha llegado la devaluación de la moneda. Por esa razón a Venezuela no le quedan sino dos alternativas si quiere recuperar el poder de compra de la moneda, abatir la inflación, acabar con la escasez y estabilizar los precios: a) dolarizar la economía o b) crear una nueva moneda atada al dólar. Esas fueron las fórmulas que emplearon los países de América Latina para superar su crisis económica e hiperinflación en los años 80  y 90 y es el camino que debería seguir Venezuela en la actualidad.
Si bien la economía hasta ahora no ha entrado en un proceso de hiperinflación, el nivel de devaluación de la moneda es de tal magnitud que no deja otras opciones sino las expresadas en el párrafo anterior.
La dolarización formal, o sea, la adopción del dólar como única moneda de curso legal no es lo más conveniente, pero se puede encontrar una solución mixta:
a)      La creación de una nueva moneda, que he llamado el bolívar oro, con valor 1 a 1,  a la par del dólar,  de valor fijo y  cambio libre en el mercado y respaldada 1 a 1 por dólares, oro y las reservas petroleras de Venezuela y
b)      La dolarización informal, es decir, permitir el libre uso del dólar en todas las transacciones de la economía.
Lo más difícil es determinar a cuanto por dólar o bolívar oro se debería convertir la masa monetaria existente hoy. Por ejemplo, en el año 2000, el Presidente Jamil Mawad, de Ecuador, en una situación similar, aceptó la cotización del mercado que era entonces de 25 mil sucres por dólar. En Venezuela no se podría hacer algo así porque sería un caos. Habría, pues, que establecer una paridad justa e inmediatamente articular la nueva estructura de costos, precios y salarios de la economía en base a la nueva moneda el bolívar oro y el dólar.
El esquema de circulación conjunta de la moneda nacional y el dólar se aplicó en Argentina en tiempos de la Convertibilidad, en El Salvador a partir del año 2001 y se aplica en Nicaragua y Perú. En Ecuador la situación es diferente porque ese país adoptó el dólar como única moneda de curso legal a partir de enero del año 2000 y lo ha mantenido hasta el presente. En Panamá la moneda oficial es el Balboa pero todas las transacciones se hacen en dólares, porque el Balboa existe sólo en moneda fraccionaria. Como puede apreciarse, varias naciones de América Latina, con recursos menores a los de Venezuela, emplean indistintamente sus monedas nacionales y el dólar en sus economías.
Dejo constancia que conozco la Ley de Gresham y sé lo que implica la circulación de dos monedas de diferente valor, pero este no sería el caso de Venezuela, porque, como ya se dijo, el bolívar oro se cotizaría a la par del dólar y con su misma fortaleza porque estaría respaldado 1 a 1  por dólares, oro y las reservas petroleras venezolanas.
Mantener la libertad de cambio de la moneda tiene sus riesgos. Uno es la llegada de capitales especulativos que en cualquier momento pueden emigrar creando una crisis en la balanza de pagos, pero para evitar esas situaciones están las autoridades monetarias y financieras que pueden adoptar previsiones en la materia. Una de esas medidas es mantener un nivel suficientemente alto de reservas en divisas y oro, cosa que sería posible en Venezuela por ser un país petrolero con ingresos permanentes y crecientes de divisas, si se usan esas divisas debidamente, cobrando efectivamente el petróleo y si se atesora el oro de Guayana.
La otra medida es ejercer un control sobre las importaciones para proteger tanto la cuenta corriente como la cuenta de capital de la balanza de pagos. La falta de control en esa materia fue lo que contribuyó a acentuar la crisis de Argentina en los 80 y 90, golpeando a la agricultura e industria de ese país, provocando la hiperinflación y el desempleo. Por eso, es muy importante conocer las experiencias de otros países.
La otra decisión fundamental para el logro del proceso de recuperación económica de Venezuela es detener el endeudamiento y hacer todo lo posible por pagar la deuda externa existente, porque la deuda si es un factor desestabilizador de la economía de los países.
Adoptando el conjunto de medidas antes anunciadas, Venezuela acabaría con la causa fundamental de la inflación y la escasez y emprendería el camino hacia el progreso, pero ello requiere del diseño y puesta en práctica de una nueva y diferente política económica.



viernes, 4 de octubre de 2013

Cómo acabar con la inflación y la escasez en Venezuela, la hiperinflación en la América Latina

Índice
  1. Introducción
  2. ¿En ruta hacia la hiperinflación?
  3. La devaluación desencadenó la hiperinflación
  4. Causa de la devaluación
  5. Efectos del aumento de las tasas de interés
  6. La devaluación en Venezuela
  7. La aplicación del modelo neoliberal
  8. Cómo los países de Latinoamérica superaron la hiperinflación
  9. La solución para Venezuela
  10. A Venezuela le quedan dos alternativas, dolarizar la economía o crear una nueva moneda atada al dólar. 
  1. Introducción
La inflación ha generado grandes cambios en el mundo. Por ejemplo, en su obra, Observaciones sobre las causas de la declinación de las civilizaciones antiguas, el economista austríaco Ludwig Von Mises (1881-1973) aseguraba que la inflación fue una causa determinante de la caída del Imperio Romano. En tiempos modernos, en el siglo XX, el fascismo y el nazismo y, en consecuencia, la Segunda Guerra Mundial,  tuvieron también su origen en los procesos inflacionarios que vivió Europa en los años 20 y 30, como lo confirma en sus obras el notable economista norteamericano Paul Anthony Samuelson (1915-2009).

  1. ¿En ruta hacia la hiperinflación?
Se considera que una economía se encuentra en hiperinflación cuando registra un incremento mensual de la inflación superior al 50 por ciento. Venezuela no se encuentra en una situación de hiperinflación, pero si continúa por el camino que va corre el riesgo de entrar en un proceso de estancamiento económico con hiperinflación, como ha ocurrido en otros países de América Latina.
La experiencia del  Continente es importante, por eso,  en este trabajo explicaremos sucintamente cómo Argentina, Bolivia, Brasil y Perú lograron superar la hiperinflación en los años ochenta, después de un largo período de incertidumbre económica.
Al final,  presentamos una idea de política económica que creemos constituye en este momento la única opción efectiva para resolver el problema económico financiero del país. En Venezuela abundan los diagnósticos pero hay muy pocas propuestas completas, con una visión de conjunto para resolver los problemas y, las que hay, son generalmente respuestas parciales, sectoriales, inspiradas en concepciones tradicionales, ortodoxas, las cuales han demostrado más bien ser  la causa de los problemas. El ejemplo más nítido en ese sentido fue la política neoliberal que, en vez de un medicina, se convirtió más bien en la causa de la crisis vivida por América Latina en los años ochenta y noventa y cuyos efectos todavía siguen proyectando su sombra en el panorama económico. La solución tampoco está en el comunismo y mucho menos en el socialismo extremista, que confisca el derecho de propiedad y resta libertad de acción a los actores económicos.
La solución está en un equilibrio que reconozca el papel del mercado y el papel del Estado con el propósito de crear el mayor bienestar económico y su justa distribución. Se requiere, pues, plantear argumentos diferentes, eclécticos, capaces de resolver de una manera práctica los problemas de la sociedad. No hay soluciones mágicas ni nadie puede atribuirse la verdad absoluta en ninguna materia, pero se pueden construir soluciones en base a la experiencia exitosa de otros países y en base a la propia realidad.

  1. La devaluación desencadenó la hiperinflación
La experiencia histórica muestra que el factor clave, desencadenante de la hiperinflación,  ha sido la devaluación de las monedas. Esto fue lo que ocurrió en Alemania en los años 20, ya que todos los días se ajustaba la tasa de cambio respecto al dólar y ello constituía el marcador de todos los precios en la economía.
En América Latina ocurrieron experiencias parecidas en los años ochenta en Argentina, Bolivia, Brasil y Perú, países en los que la devaluación de la moneda antecedió al proceso de hiperinflación.

  1. Causa de la devaluación
A su vez, la devaluación tuvo su origen, esencialmente, en el debilitamiento de las reservas internacionales de las naciones como consecuencia de la deuda externa,  la caída del precio de las materias primas y del ataque de factores financieros internacionales contra las monedas de algunos países. Eso ocurrió en Argentina entre 1989 y 1990 y en México a partir del 20 de diciembre de 1994 cuando el presidente Ernesto Zedillo devaluó el peso, fenómeno conocido como Efecto Tequila, que tuvo repercusión posterior en la América Latina. En otras regiones del mundo también se registraron situaciones similares, como la crisis del Sudeste de Asia, iniciada el  2 de julio de 1997 provocada por la devaluación de la moneda de Tailandia, hecho que arrastró luego a las monedas de Corea, Indonesia, Malasia y Filipinas y el ataque al rublo, que provocó la crisis financiera de Rusia a partir del 17 de agosto de 1998.
En todos los hechos mencionados hay un elemento en común, la deuda y  la fuga de capitales provocada por los grandes actores económicos internacionales, de manera que no se le puede atribuir a la expansión fiscal ni monetaria de los países la responsabilidad principal por la devaluación de las monedas y la hiperinflación.
 
  1. Efectos del aumento de las tasas de interés
Pero también los gobiernos contribuyen a desencadenar las crisis financieras, porque son ellos los que deciden el incremento y/o disminución de las tasas de interés en la mayoría de los países.

  1. La devaluación en Venezuela
El endeudamiento masivo y a corto plazo sumado al aumento de las tasas de interés internacionales  hizo que el gobierno del Presidente Luis Herrera Campins devaluara el bolívar en febrero de 1983, al no poder cumplir con el pago de los compromisos financieros de entonces. A partir de ese momento, se inició el proceso de devaluación de la moneda en Venezuela, del que el país no ha podido salir hasta ahora. Han sido, pues, treinta años de devaluación: 1983-2013, con una devaluación acumulada superior a 800 mil por ciento si se considera el precio del dólar que no se puede decir;  algo insólito en el mundo.

  1. La aplicación del modelo neoliberal
En los años ochenta y noventa del siglo XX, los organismos financieros internacionales impusieron el modelo neoliberal a muchos países, entre ellos a los de América Latina que, ahogados por el problema de la deuda, no tuvieron otra opción sino aceptar. Las medidas más importantes del modelo eran: a)  la reducción del tamaño del Estado para garantizar así el pago de la deuda a la banca y b) la privatización de las empresas públicas más rentables de los países que pasaron entonces a formar parte del capital internacional.  Era, simplemente, una política de despojo.
Adicionalmente el modelo planteaba la liberalización del comercio, para garantizar así las exportaciones de los países industrializados hacia los países en desarrollo, el libre movimiento de capitales, la liberación de las tasas de interés, la abolición de las normas que protegían a los trabajadores, para abaratar  así los despidos y medidas para eliminar el déficit fiscal, entre ellas,  el incremento de las tarifas de los servicios públicos y el despido masivo de empleados públicos.
Las medidas neoliberales golpearon seriamente a los sectores productivos de los países, especialmente a la agricultura y a la industria generando el aumento del desempleo y con ello la radicalización de la crisis social, de la inflación y la hiperinflación.

  1. Cómo los países de Latinoamérica superaron la hiperinflación
En medio de las tensiones existentes en el campo fiscal, productivo y en las calles con grandes desórdenes, los gobiernos buscaron fórmulas para minimizar o revertir el grave problema de la hiperinflación. Argentina, por ejemplo, tuvo dos éxitos en esta materia, el primero en 1985 en el gobierno de Raúl Alfonsín, a raíz de la aparición del Plan Austral que creó una nueva moneda, el austral, pero luego esta moneda sufrió una fuerte devaluación lo que provocó que en 1991, en el gobierno de Carlos Menem, el ministro de Finanzas, Domingo Cavallo, a través de la Ley de Convertibilidad, creara otra nueva moneda, el peso convertible,  a un tipo de cambio con paridad fija de 1 a 1 frente al dólar y con respaldo también 1 a 1 en dólares u oro.
La nueva moneda, el peso convertible de Domingo Cavallo, tuvo once años de éxito y logró controlar la hiperinflación, pero en el año 2001, en el mandato del presidente Fernando de la Rua ese país volvió a sufrir  los efectos de la fuga de capitales provocada por los actores internacionales y por las debilidades intrínsecas de la economía argentina, que había sido afectada, antes, por la política neoliberal en su parte más importante, el comercio exterior. Ello generó una nueva crisis muy difícil. Fue el tiempo del llamado corralito, una medida que ponía límites al retiro de dinero en efectivo de los bancos. El 6 de enero del 2002 el Presidente provisional Eduardo Duhalde eliminó la convertibilidad del peso y este nuevamente comenzó un proceso de devaluación que culminó luego con la declaratoria de default de la deuda argentina y la reaparición de la inflación.
Bolivia, Perú y Brasil resolvieron sus procesos de hiperinflación adoptando medidas similares a las adoptadas por Argentina, es decir, estableciendo nuevas monedas, permitiendo el libre uso del dólar y estableciendo una relación de cambio fija.

  1. La solución para Venezuela
Para que la economía venezolana se recupere es necesario desarrollar una nueva política económica que respete la inversión privada y estimule la producción, especialmente en sectores básicos como la agricultura, la agroindustria, la industria en su conjunto y en actividades generadoras de divisas como el turismo. Sin una rectificación de la política económica la recuperación no será posible.
Se debería diseñar una política económica integral, que tome en cuenta los aspectos políticos y sociales. Las prioridades son: elevar la producción, combatir la inflación y la escasez, aumentar el empleo formal y garantizar una entrada mayor de divisas.

  1.  A Venezuela le quedan dos alternativas, dolarizar la economía o crear una nueva moneda atada al dólar
Dada la magnitud de la crisis, a Venezuela no le quedan sino dos alternativas: a) dolarizar la economía o b) crear una nueva moneda atada al dólar. Esas fueron las fórmulas que emplearon los países de América Latina para superar su crisis económica e hiperinflación en los años 80  y 90 y es el camino que debería seguir Venezuela en la actualidad.
Si bien la economía hasta ahora no ha entrado en un proceso de hiperinflación, el nivel de devaluación de la moneda es de tal magnitud que no deja otras opciones sino las expresadas en el párrafo anterior. La devaluación en Venezuela es superior a 800 mil por ciento: de Bs. 4,30 en el año 1983 a la cifra del mercado que no se puede decir ahora, pero agregándole tres ceros, porque, recuérdese, que en el año 2008 se hizo la reconversión monetaria. Compruébelo usted mismo haciendo el cálculo correspondiente.
La dolarización formal, o sea, la adopción del dólar como única moneda de curso legal no es lo más conveniente, pero se puede encontrar una solución mixta:
a)      La creación de una nueva moneda, que he llamado el bolívar oro, con valor 1 a 1, a la par del dólar,  de valor fijo y cambio libre en el mercado y respaldada 1 a 1 por dólares, oro y las reservas petroleras de Venezuela y
b)      La dolarización informal, es decir, permitir el libre uso del dólar en todas las transacciones de la economía.
Lo más difícil es determinar a cuanto por dólar o bolívar oro se debería convertir la masa monetaria existente hoy en la economía. Por ejemplo, en el año 2000, el Presidente Jamil Mawad, de Ecuador, en una situación similar, aceptó la cotización del mercado que era entonces de 25 mil sucres por dólar. En Venezuela no se podría hacer algo así porque sería un caos. Habría, pues, que establecer una paridad justa e inmediatamente articular la nueva estructura de costos, precios y salarios de la economía en base a la nueva moneda el bolívar oro y el dólar.
El esquema de circulación conjunta de la moneda nacional y el dólar se aplicó en Argentina en tiempos de la Convertibilidad, en El Salvador a partir del año 2001 y se aplica en Nicaragua y Perú. En Ecuador la situación es diferente porque ese país adoptó el dólar como única moneda de curso legal a partir de enero del año 2000 y lo ha mantenido hasta el presente. En Panamá la moneda oficial es el Balboa pero todas las transacciones se hacen en dólares, porque el Balboa existe sólo en moneda fraccionaria. Como puede apreciarse, varias naciones de América Latina, con recursos menores a los de Venezuela, emplean indistintamente sus monedas nacionales y el dólar en sus economías.
Dejo constancia que conozco la Ley de Gresham y sé lo que implica la circulación de dos monedas de diferente valor, pero este no sería el caso de Venezuela, porque, como ya se dijo, el bolívar oro se cotizaría a la par del dólar y con su misma fortaleza porque estaría respaldado 1 a 1  por dólares, oro y las reservas petroleras venezolanas.
Mantener la libertad de cambio de la moneda tiene sus riesgos. Uno es la llegada de capitales especulativos que en cualquier momento pueden emigrar creando una crisis en la balanza de pagos, pero para evitar esas situaciones están las autoridades monetarias y financieras que pueden adoptar previsiones en la materia. Una de esas medidas es mantener un nivel suficientemente alto de reservas en divisas y oro, cosa que sería posible en Venezuela por ser un país petrolero con ingresos permanentes y crecientes de divisas, si se usan esas divisas debidamente, cobrando efectivamente el petróleo y si se atesora el oro de Guayana.
La otra medida es ejercer un control sobre las importaciones para proteger tanto la cuenta corriente como la cuenta de capital de la balanza de pagos. La falta de control en esa materia fue lo que contribuyó a acentuar la crisis de Argentina en los 80 y 90, golpeando a la agricultura e industria de ese país, provocando la hiperinflación y el desempleo. Por eso, es muy importante conocer las experiencias de otros países.
La otra decisión fundamental para el logro del proceso de recuperación económica de Venezuela es detener el endeudamiento y hacer todo lo posible por pagar la deuda externa existente, porque la deuda si es un factor desestabilizador de la economía de los países.
Adoptando el conjunto de medidas antes anunciadas, Venezuela acabaría con la causa fundamental de la inflación y la escasez y emprendería el camino hacia el progreso, pero ello requiere del diseño y puesta en práctica de una nueva y diferente política económica.